
Si mañana te mueres, ¿cambiarías algo de lo que has hecho?
Verás: esta pregunta le pica a cualquiera… porque todos sabemos la respuesta.
SÍ.
Te lo digo por experiencia: nadie se levanta pensando “hoy voy a desperdiciar mi vida”.
Pero lo hacemos.
El tiempo pasa volando.
Si eres de esas personas que no esperen a que las cosas le pasen, esto te interesa.
Hay un estudio de Harvard (de esos famosos, de los largos de más de 50 años) que viene a decir algo que sabemos pero nos asusta reconocer...
En este estudio preguntaban a personas mayores en sus últimos días de vida sobre lo que se arrepentían.
La mayoría no se arrepiente de lo que intentó.
Se arrepiente de lo que dejó para después y nunca lo hizo.
De las conversaciones que no tuvo y hoy echa en falta.
De las decisiones que no tomó y podrían haber cambiado su vida.
De haberse traicionado “un poco” cada semana… hasta que ya ni se reconocía.
Todos los días eran jodidamente iguales, sin emoción y solo con problemas.
El problema no es que no lo supieran.
Es que fueron cediendo poco a poco en los aspectos más importantes de la vida.
Normalizando el estrés, con poco sueño, una copa para desconectar, el finde por descansar, ya empiezo el lunes... y la verdad es que nunca se empieza a cambiar.
Presencia física pero la cabeza en otro lado, contestaciones para salir del paso, una mujer que se queja, normal, ya no sabe por qué pero está cabreado por todo y a punto de explotar.
Tanto tiempo intentando sobrevivir que no cuida a sus amigos.
Horas y horas de trabajo pero no hay un avance real, ingresa pero sin saber hacia donde va todo se convierte en gasto, tiempo, foco y oportunidades.
Ahora viene el golpe final, costumbre por ser el que cumple para todos, menos para ti.
Y lo más jodido es que lo sabían.
Sabían que valen más.
Sabían que tienen más potencial.
Sabían que tienen la capacidad para estar a otro nivel.
Pero siguieron negociándose por comodidad, por miedo a lo desconocido o por no molestar.
Y ahí en sus últimas semanas de vida, quedaron reflejeadas en ese famoso estudio de Harvard.
Los de Harvard nunca lo sabrían pero influenciaron en gran medida en que me hiciera coach de productividad personal.
Primero para ayudarme y segundo para ayudar a los demás.
Después ví que se me daba excepcionalmente bien, hasta me empezaron a llamar Goldman de cachondeo.
Pero en el fondo, aunque no lo quería ver, era cierto, saco lo mejor de las personas.
Y ahora te cuento aquí cómo lo hago.
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